A veces me tiento a escribir hechos de mi vida como una aburrida autobiografía de los años idos. Pero a también cuando repaso algunas cosas que he hecho me parece casi un crimen dejar que las cosas se disuelvan porque no han quedado registrada de manera escrita.
Estoy en una etapa muy activa de la política argentina de estos días. El socialismo como guía para la vida humana por venir es una herramienta teórica que potencia cualquier actividad social.
El pasado casi lejano de mi vida personal se resignifica casi de una hora a otra. El resinificado de estos hechos no es el de deslizamiento de un significado por otro sino el de aumento y condensación, es decir; que se hacen más importantes en la vida actual. Estos hechos son por supuesto, políticos. En una etapa violenta de la política argentina he vivido casi cinco años de la mano de un arma de fuego, de un fusil o de una pistola. Claro, inmediatamente de que se dice lucha armada se piensa en la guerrilla urbana de aquellos días. Pero en realidad, lo de aquellos días eran muchos más que la simple política, era la vida social de todos los días. En aquellos días de los años setentas andar con un revólver en la cintura era como andar con un teléfono celular en la década del diez de los dos mil. Hoy en estos años el chico de ciudad que no tiene teléfono celular no puede andar por la calle. En los setentas era el revólver el "celular" que nos comunicaba con el resto del mundo. Esto era el clima de aquellos años. Todo se resolvía a los balazos, era otro mundo, cualquier diferencia se arreglaba con par de tiros y se terminaba la discusión. La política de aquellos no era más que la representación de lo que ocurría en la vida cotidiana de los argentinos de los años 69 a 80.
Los años de violencia latente y manifiesta comienza en 1967 y termina definitivamente en 1982. Es decir casi 16 años de la vida de nuestro pueblo. Comienza con los planes militaristas de reemplazar los movimientos sociales por organizaciones corporativas determinadas por el ejército argentino. En este esquema los que son disidentes son eliminados o presos por la seguridad pública. Ante la censura física de la voz crítica la gente empezó a luchar de afuera de esas organizaciones corporativas de manera directa con las armas en la mano. En los setentas estas salidas esporádicas tuvieron mucho mas organizadas y se transformaron en ejércitos paralelos al oficial. Y la lucha fue mas intensa. Luego durante la caída de estas organizaciones armadas fue el Estado el que se lo reorganizó como fuerza armada para acabar con la disidencia y las amenazas ciertas o falsas de alteración del orden establecido por esa misma fuerza armada.
En el auge de esas luchas armadas fue que estuve durante cinco años armado y en la dinámica de esos estridentes tiempos del fuego. Si bien en la primera etapa, en la que divido mi paso por las armas, la hice en la vida política civil de Granadero Baigorria siendo militante de la Juventud Peronista combatiendo la dictadura de Lanusse, fue paradójicamente en el otro lado donde tuve mas intimidad con los fusiles y granadas: en el propio ejército de la dictadura de Videla.
Con la plena fuerza que tienen las cosas nuevas entré al servicio militar a dos semanas del golpe de Estado de Marzo de 1976. Como en realidad por más armas de guerra que uno posea no deja de ser ingenuo, yo en esa etapa era ingenuo. Pensaba, en los primeros días dentro del cuartel de ri2 de Córdoba, que no diciendo nada de mi actividad anterior como J.P. ellos no se enterarían de nada de mis actividades y casi aventuras adolescentes. Esa ingenuidad acabó a los pocos meses cuando con la excusa de que debía limpiar el cuarto de oficiales me interrogaron sobre temas que concernían a mi vida casi secreta hasta para mi mismo. Por eso, al darme cuenta que sabían que había hecho y que no había hecho en los años anteriores dejé de desimular cualquier postura y dejé salir el yo que era sin temor a nada. Pero esto no era pasar a lo temerario sino dejar salir lo que es la tranquilidad de conciencia. Puesto que todo lo que pudiera haber hecho lo hice para ayudar al pueblo o por amor al pueblo, puesto que en última instancia al ser yo mismo parte de ese pueblo no hacía más que ayudarme a mi mismo. Al parecer esto lo han entendido los militares que me tuvieron (que soportar) adentro de los cuarteles.
Sin embargo, al tener un poco de conciencia política por mi actividad peronista más de una vez discutía las posturas de los militares con respecto a lo que llevaban a cabo como proyecto político para la república Argentina. Pero como mi postura era esa de tener las buenas intenciones hacia los demás nunca me han castigado siquiera por los comentarios que les largaba cuando podía y quienes podía. Pero creo que tampoco mucho me tuvieron en cuenta por las ingenuidades que quizás expresaba en esos años. Ahora, las armas eran otra cosa más sencillas, concretas y letales.