jueves, 14 de julio de 2011
Tiempo electoral.
La interna de mayo nos dejó por el piso. El resultado fue que sacamos pocos votos en la Provincia. Esto hace que ahora el binnerismo nos pase factura tras factura en una cuenta interminable sin saldo para nosotros. Lo más evidente también es sacarnos del medio del mapa, borrando nuestra presencia política, sacándonos la gente que hemos conseguido sumar a un proyecto superador de las políticas autocráticas que acostumbra a levantarse en este país. El dedazo se usa para generar liderazgos sin sombras críticas. Esto viene ocurriendo desde la época de la colonización española donde el el Rey designaba su Virrey dentro del círculo de sus allegados. Los Virreyes, a su vez, designaban a sus colaboradores y regidores políticos con el mismo criterio. Así les fue a los españoles imperiales en el siglo XIX. El derrocamiento fue una respuesta a esa costumbre de elegir gobernantes desde el dedo del Rey sin tener en cuenta las realidades de las colonias. Las políticas de la República cuando se estableció el Estado siguió el mismo criterio. El general Roca designaba entre la clase dominante quien sería el presidente de la Argentina y luego en una seudo elección se lo convalidaba a los ojos de los inversores ingleses. Durante la irrupción de las masas sociales tuvo su correlato con otro general que a dedo puso toda una camada de dirigentes gremiales adictos al gobierno en los órganos legislativos de la República. Esta práctica se extendió a lo largo del siglo XX y desde el control remoto de Madrid el general Perón designaba con su dedo a su ex dentista como presidente popular. La cadena se extiende hasta ahora. Menen, a su vez, designaba a corredores de autos y yates, como a Reuteman y Scioli, como gobernadores de provincia. Siempre los resultados fueron invariablemente iguales: una salida desastrosa de los lugares de poder. Desde 1760 a 2001. Los últimos comicios de la ciudad de Buenos Aires pasó una minirevuelta traducida en votos en la urna contra los designados a dedo por la presidenta Cristina Kirchner. La derrota de Filmus tiene que ver con ese diseño del dedo traducido en la figura del camporita Cabandie. Pero en el socialismo no sucedió así. Fuimos los derrotados los que criticaban al dedo Binner colocando a Bonfatti como su sucesor. No será que también nosotros practicamos el dedismo sin verlo. Y dedo contra dedo la gente elegió el menor malo. Es decir ante un dedo gobernante y un dedo gobernado, la gente eligió un dedo gobernante. Nadie elige la sumision de la sumisión aunque esto sea una forma activa de liberación por un acto simple de opción entre blanco y más blanco.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)